Nuevos ajustes de tarifas… y van…

Mañana se formalizará el aumento de la luz un 30%; la semana que viene la nafta; la semana pasada aumentó el transporte público y se viene también un aumento en el gas en el corto plazo. Tarifazos por todos lados, y desde hace tiempo. El ministro de energía Javier Iguacel anunció el aumento de la energía eléctrica pero explicó que recién se sentirá el impacto en la facturación de octubre. Varios puntos a tener en cuenta quedan flotando en la atmósfera política y social, para nada tranquila:

■ El gobierno retrasó el anuncio del aumento de la nafta una semana. Quizá tratando de generar el menor descontento social posible. Error. El descontento social permanece en el tiempo. En la medida que avanzan los aumentos, y los salarios van perdiendo terreno, la situación resulta asfixiante para los bolsillos populares.

■ Los estrategas macristas saben que es el momento de ajustar, para cumplir con las metas exigidas por el FMI. Porque nos guste o no, el organismo internacional marca el camino económico macro y microeconómico. Llegado diciembre sería imposible por el temor al estallido social y la víspera de un 2019 con elecciones. No somos alarmistas al decir que diciembre no es un mes simbólicamente apto para realizar importantes modificaciones tarifarias, por algo la ministra Patricia Bullrich se vio obligada a desmentir supuestos «estallidos sociales» en puerta. Aunque chispazos hay indudablemente, basta recorrer el conurbano bonaerense.

■ Cuando los profesores de economía definen inflación como un aumento sostenido y generalizado de los precios, todos sabemos de qué se trata sin necesidad de estudiar, la vivimos a diario. Sin ser economistas también comprendemos la existencia de una creciente cantidad de despedidos en el sector privado por la recesión económica, ni que hablar los despedidos en organismos estatales en nombre del tan necesario ajuste fiscal.

■ La recesión económica parece ser la solución al problema inflacionario. Si hay pobreza disminuye el consumo, si no hay ventas qué sentido tiene aumentar precios. No hay inflación al terrible costo de aumentar la pobreza, bajar la capacidad real de los salarios y cuando no aumentar la desocupación. El gobierno lo quiera o no, lo haya buscado o no, sea culpable o no, se enfrenta con este escenario.

Ojalá estemos errando el análisis, pero los indicios son contundentes. El tiempo se agota y la olla popular va tomando temperatura.

Por Marcelo M.

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